¿Qué es el terrorismo? ¿Por qué se origina?

 

Por terrorismo entendemos la instrumentación del terror con el objetivo de condicionar el comportamiento de sociedades y gobiernos. Es una práctica que se ha realizado en aras de un fin concreto, o de al menos causar una reacción social en base a la cual poder plantear unas demandas. Ha sido, y desgraciadamente es, una práctica común para una amplia gama de organizaciones. Desde partidos políticos, grupos de personas hasta incluso individuos; practicado tanto por grupos nacionalistas como antinacionalistas, de derechas como de izquierdas, religiosos, xenófobos, independentistas, revolucionarios, conservadores y hasta gobiernos en el poder, este último suele ser conocido como terrorismo de estado.

De hecho, el origen del actual uso de la palabra terrorismo se encuentra en el terrorismo de estado practicado durante la Revolución Francesa bajo el gobierno jacobino de Robespierre. Este había encarcelado y ejecutado a los opositores sin ningún tipo de garantía judicial. Curiosamente, el terrorismo practicado por el estado es anterior al practicado por los ciudadanos, que aparecería a mediados del siglo XIX entre opositores al régimen zarista ruso. Y sería en esta Rusia Imperial, donde entre los revolucionarios antizaristas habían sugerido las primeras críticas teóricas diferenciadoras entre terrorismo, derecho de resistencia y tiranicidio, valgan como ejemplo los textos de Plejánov, Lenin y Trotsky.

Un poco de historia

El terrorismo, como acto ejecutado por ciudadanos o súbditos, encuentra sus antecedentes en las doctrinas del tiranicidio y el derecho a la resistencia. Estos han sido establecidos antes: en la Edad Moderna, en respuesta a los abusos de poder del Estado. Lo cierto es que el derecho al tiranicidio, entendido como el derecho de cualquier individuo a matar a un gobernante tirano, ya ha estado consolidado durante la Antigua Grecia. Este derecho al tiranicidio se ha encontrado también en los orígenes de las revoluciones burguesas. Lo que hace es justificar la moralidad de la desobediencia y uso de la violencia contra poderes que puedan ser considerados opresores. Se ha llegado hasta el punto de asesinar al rey, como ocurrió con Carlos I de Inglaterra (1649) o Luis XVI de Francia (1793).

Sin embargo, el terrorismo clásico está siendo dejado de lado por una nueva forma de violencia, más simple y más sofisticada a la vez. Estas formas de terrorismo “clásico” como pudieran ser ETA, las FARC o AL-Qaeda ya no son las protagonistas. Por el contrario, una nueva forma de agresiones se está expandiendo mediante ataques llevados a cabo por pequeños grupos o , sencillamente, “lobos solitarios”. Esta es una forma mucho más simple de matar, pero al mismo tiempo más inteligente, indetectable, irrastreable y sobre todo impredecible.

Paremos un momento

Aquí es donde, por tanto, debemos plantearnos la primera parada obligatoria. Es un debate que ya ha sido formulado por los dos grandes teóricos del terrorismo: Oliver Roy y Giles Kepel. Kepel defiende, a grandes rasgos una idea. Esta es la de que el Islam es la propia semilla de la violencia, que los preceptos defendidos por tal religión son virulentos en su esencia. Por ello tan sólo es necesaria una radicalización de los mismos para que estalle el terror, lo que se condensaría en la idea de una islamización del radicalismo. En el otro lado, Oliver Roy defiende una radicalización del Islam; la violencia, el odio, y el terror ya están ahí. Es sólo que se encuentran dispersos, latente. El Islam sólo es un aglutinante para unir a todos aquellos que están excluidos de la sociedad. Es en esta idea en la que vamos a hacer hincapié.

¿Hacia dónde vamos?

Vamos hacia una sociedad cada vez más individualista. Los niveles de asociaciones en las que se agrupa la sociedad civil son cada vez menores. Puede que sean sindicatos, asociaciones de mujeres, madres padres y alumnos, religiosas o culturales. Sean las que sean, ellas han hecho de las actuales sociedades occidentales unas sociedades mucho más focalizadas en el propio individuo. Desde mi punto de vista las redes sociales han jugado un papel fundamental en esto, espacio donde actualmente se da gran parte de la socialización de las personas. Esta falta de pertenencia a grupos es un primer pilar de lo que se pretende explicar: La falta de identidad de las personas; la falta de arraigo en el sentido que Kant propone. Se vive en un sitio sin realmente pertenecer a él.

 
Segunda base

Otro segundo pilar fundamental de la identidad es el trabajo. Es la labor que desempeña una persona la que le otorga una parte fundamental de su identidad. Tú eres José, pero eres al mismo tiempo el panadero. La identidad es creada en gran medida por la función social que alguien desempeña en el lugar en el que reside. Un argumento típico del extremismo más nacionalista y anti-islámico es alegar que a los jóvenes de origen musulmán se les dan ayudas sociales, viviendas, y sobre todo trabajo. Esto no es suficiente: Si el trabajo es fundamental para crear una identidad, este no puede ser implantado o regalado a una persona de una forma burocrática. Eso lo hace ser simplemente fuese un mecanismo según el cual entregas tu fuerza a cambio de una compensación económica.

El trabajo va mucho más allá de eso. El trabajo es algo que se debe ir construyendo a lo largo de los años, desde que comienzas como aprendiz hasta que te conviertes en un maestro. José empieza a hacer pan con su padre, al cabo de cierta cantidad de años será un maestro panadero y esto se ha de convertir en parte crucial de su identidad, porque todo el pueblo conocerá a José por el pan delicioso que produce. El trabajo no sólo dignifica a la persona, el trabajo identifica a las personas. Por tanto, una solución basada en regalar trabajos es únicamente temporal, un parche para una herida mucho más grande.

Tercera base

El tercer pilar es la socialización de las personas, muy ligado a los dos anteriores. Como en cualquier debate sobre problemas políticos o sociales, hay que tocar este punto: La educación. Una educación gratuita para jóvenes de origen musulmán residentes en Europa es también insuficiente. No es bastante el enseñar a los chavales a multiplicar, a identificar capitales, o qué ocurrió en la revolución de 1789.

La adquisición de conocimientos está enormemente ligada a la absorción de valores. Sobre todo, en materias como geografía social, historia, filosofía o incluso religión, se transmiten conocimientos. Es sólo que estos son conocimientos vistos desde una perspectiva concreta, la cual implica en sí misma una carga valorativa. El hecho de que un joven musulmán se vea inmerso en una educación que opone un punto de vista que nada tiene que ver con la historia que le cuentan mamá y papá, crea una contradicción para el chico que con el tiempo puede ser imposible de salvar. La ecuación está completa. Este dilema en la educación no me permite ni socializar ni comenzar a trabajar en algo estable y a largo plazo. La suma de ambas da como resultado la falta de identidad.

El ahora

Es aquí donde llega el Estado Islámico, que forma muy inteligente, juega sus cartas. Vemos que en muchísimos casos los jóvenes que perpetraron los atentados no eran practicantes de la religión, sino que habían comenzado a serlo poco tiempo atrás. Por lo general, no han buscado el favor religioso al llevar a cabo tales asesinatos. Entonces ¿Qué les ofrecen estos terroristas? Lo que les falta; una identidad. Una función social como “guerrero”, un grupo al que pertenecen, un trabajo, una mujer a la que sentirse unido y un plan a largo plazo. Es verdad que muy posiblemente mueran en su «gran» propósito, pero entienden que es mejor morir que vivir sin una identidad.

En resumen, las vidas sin contenido, vacías, son vidas que se auto-desprecian y relativizan la aberración que es acabar con una vida humana y las consecuencias que traerá para con la suya.